25 enero 2012

DIOS EL PADRE


Apocalipsis 1:8 “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.
Este versículo aparentemente contiene las palabras del Padre, porque es Él quien inicia el quehacer del Apocalipsis; es Dios Padre quien lo inicia. Dios padre entrega al ángel la revelación de Jesucristo, y fue el Espíritu Santo quien inspiró a Juan para recibir la revelación. La obra de la Trinidad en la entrega de estas últimas buenas nuevas de esperanza para un pueblo perseguido.
Dios se presenta con un título redundante: alfa y omega; y, principio y fin. Esto puede entenderse como una doble presentación para los dos lados del mismo pueblo o la misma iglesia. Recordemos que en el libro de Romanos, Pablo presenta que el nuevo remanente está formado por gentiles (griegos) y judíos. Que de ambos pueblos Dios formó un nuevo pueblo capaz de representarlo en la tierra; es decir un remanente.
Este nuevo remanente recibe el Apocalipsis y Dios le enfatiza que es el Alfa y Omega, para sus receptores griegos o gentiles, y es el principio (Bereshit, principio en hebreo) y fin. Es decir, es una misma presentación para dos públicos. En ambos casos, Dios se presenta como el que conoce el fin desde el principio, como el comienzo de todo y como el consumador de todas las cosas; y esto trae esperanza para los cristianos de todos los tiempos y de todas las latitudes. Dios está al timón de su pueblo.
Dios es el que es y que era y que ha de venir. Dios se presenta como el que siempre estuvo, está y estará con su remanente. La idea de un remanente es central en el Apocalipsis. La idea de un conjunto pequeño de fieles en comparación con la gran mayoría de personas que no transitan por la puerta estrecha, es enfatizado en el último libro de la Biblia, y esta presentación de compañía y presencia del Señor con estos fieles es esperanzadora también.
El Todopoderoso vendrá para rescatar a su pueblo. Por el Señor Espíritu Santo, el paracleto, estuvo acompañando y consolado a su pueblo cristiano por todas las edades, pero ahora, al final de los tiempos, Él garantiza que vendrá con todos los habitantes del cielo para poner fin al pecado y rescatar a sus hijos e hijas de este mundo en llamas.

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