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20 enero 2012

BIENAVENTURADOS


Apocalipsis 1:3 “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”
Esta es la bendición por estar atento a las Escrituras. El Señor no solo aclara que los que estén atentos al Apocalipsis serán bienaventurados, felices y gozosos, sino también, benditos, gozando de la bendición de conocer que es lo que hay atrás de la cortina que el Señor corrió para revelar lo que sucedería en el futuro.
La bendición es para los que leen, pero no para cualquier lector superficial, sino para los que leen con detenimiento, comparando texto con texto, renglón con renglón, un poquito aquí con otro poquito allá. Un estudio diligente logrará que el Apocalipsis cobre sentido claro y dinámico.
La bendición también es para los que escuchan o leen la profecía. Yo recuerdo que entre las primeras cosas que atrajeron mi atención en la Iglesia Adventista fue su interpretación histórica de la profecía (historicismo). Ver cómo los símbolos tenían sentido con otros pasajes de la Biblia y su realidad histórica fue una alegría.
Pero la bendición de leer y escuchar no solo pasan por eso, sino que van acompañadas con la tercera parte del texto: guardar, es decir, hacer parte de uno, hacer carne la enseñanza, que se integre lo aprendido a nuestra escala de valores y motivaciones, que genere en nosotros el deseo de vivir en función de lo aprendido. Cuando el Apocalipsis nos modele, entonces estaremos gozando de una bendición y dicha muy especiales.
Para un judío, no bastaba solo con leer  y escuchar, sino que esto implícitamente llevaba la idea de involucrarse, hacer propio, tener una experiencia con lo que se estaba estudiando, pero no solo una experiencia intelectual meramente, sino una experiencia de tipo práctico.
Y esta experiencia es urgente porque el tiempo está cerca. Tu dirás, “pero el Apocalipsis fue escrito el 96 d.C. aproximadamente, ¿desde entonces el tiempo está cerca?”. Pues Juan expresa el anhelo de todo hijo de Dios: “¡Ven Señor Jesús!”. Para todo hijo e hija de Dios, el tiempo está cerca y falta poco para la aparición del deseado de todas las naciones. Este es el eje motivador. Pablo ya esperaba en sus tiempos la aparición del Rey de reyes. Elena de White también… ¿y nosotros?

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