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16 septiembre 2011

SEXTA CLASE DE HOGAR Y FAMILIA


VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO
Cuanta veces encontramos este tipo de comentarios cuando escuchamos a señoritas y jóvenes casados: “no pensé que era así de vilento”, “pensé que iba a cambiar”, “pensé que luego de casados sería diferente”.
Los que son novios deben pensar que el tiempo en que viven es el momento en que deben ser más observadores que antes con el ser que inspira sus afectos. Además consideren que ustedes no son el Espíritu Santo, para cambiar a sus seres amados. Ustedes pueden inspirar cambios, a través de brindar modelos y palabras, pero quien logra los cambios es Dios.
Si usted detecta conductas inapropiadas o no tolerables en su novio o novia, evalúe si las soportará el resto de su vida, o si toma la desición de terminar la relación.
Gereralmente un hombre violento tiene una doble personalidad, una es la que da a sus amigos y amigas, y otra es la que brinda en la familiaridad. Por un lado sus amigos lo consideran un chico correcto, pero por otro lado, su novia sabe que es una persona de carácter dificil y engreído.
Además, otra característica es la descalificación. El violento o violenta tienen tan baja autoestima que necesita descalificar a su ser amado para sentirse superior. Puede agredir con palabras muy suaves, hasta llegar a usar frases hirientes: “Estas algo gordita”, “Esos amigos tuyos son unos inútiles”. Descalifican el físico, sociedad, apariencia, sueños, aspiraciones u otras áreas de su ser amado para agredir.
La manipulación emosional es otra arma del violento. Trata de lograr hacer sentir mal a su novio o novia amenazandole con estados de ánimo negativos, y hasta con quitarse la vida. Son celosos por excelencia. Buscan controlar lo más posible. Tratan de aferrarse en todo a quien dicen amar, llegando a perjudicarle.
Es duro y frio. En un principio es dulce y comprensivo con su novia, pero al paso de los meses, “saca las garras” llegando a ser cada vez menos afectuoso y para luego ser frio y duro en su trato con la persona que dicen amar. Además de esto,  expresa su deseo sexual, presionando a su pareja a tener relaciones coitales.[1]
Recuerde que cuatro de cada diez adolescentes reportaron haber sufrido violencia durante el noviazgo, según la Organización Mundial de la Salud.[2]
Las siguientes son características de hombres violentos tomadas del estudio realizado en 1992 por Graciela Ferreira, “Hombres violentos, mujeres maltratadas: aportes a la investigación y tratamiento de un problema social”, el capítulo cuatro, Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
            El novio o acompañante de una muchacha controla todo lo que ella hace, exige explicaciones por todo y pretende conocer hasta su pensamiento más recóndito pues no quiere que tenga "secretos" con él.
            Quiere saber con lujo de detalles a dónde va, dónde estuvo, con quiénes se encontró o a quiénes va a ver, los horarios y el tiempo que permaneció en cada lugar, cuánto tiempo estará fuera y el horario de regreso, lo cual comprobará con sucesivas llamadas telefónicas o "pasadas" por la casa de ella.
            De manera permanente vigila, critica o pretende que ella cambie su manera de vestir, de peinarse, de maquillarse, de hablar o de comportarse.
            Formula prohibiciones o amenazas respecto de los estudios, el trabajo, las costumbres, las actividades o las relaciones que desarrolla la joven.
            Fiscaliza a los parientes, los amigos, los vecinos, los compañeros de estudio o trabajo, sospechando, desconfiando o criticándolos después de querer conocerlos a todos para ver cómo son.
            Monta escándalos en público o en privado por lo que ella u otros dijeron o hicieron.
            Deja plantada a la novia en salidas o reuniones, sin explicar ni aclarar los motivos de su
reacción.
            No expresa ni habla acerca de lo que piensa, o desea, pero pretende que ella adivine todo lo que le sucede y actúe de manera satisfactoria, sin que él deba molestarse en comunicar nada.
            A veces da órdenes y otras "mata" con el silencio, con actitudes hurañas, con la hosquedad o el mutismo, que no abandona aunque obtenga lo que esperaba.
            Demuestra frustración y enojo por todo lo que no resulta como él quiere, sin distinguir lo importante de lo superfluo.
            Culpa a la novia de todo lo que sucede y la convence de que es así, dando vuelta a las cosas hasta confundirla o dejarla cansada e impotente.
            No reconoce ninguna responsabilidad sobre la relación ni sobre lo que les sucede a            ambos.
            No pide disculpas por nada.
            Compara a la muchacha con otras personas, dejándola incómoda y humillada. "Si te parecieras a fulana yo no tendría que..."; "Por lo menos mengana hace las cosas bien y no como tú que..."
            Impone reglas sobre la relación (días, horarios, tipos de salidas, etc.) de acuerdo con su exclusiva conveniencia.
            Ejerce la doble moral "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" reservándose el derecho de realizar cosas que le impide hacer a la novia.
            Obliga a la muchacha a formar una alianza con él para aislarse o enfrentarse a los demás. (Puede llegar a proponer pactos suicidas).
            Ante cualquier pregunta o cuestionamiento de ella, declara que los parientes o amigos "le calientan la cabeza" contra él, que no le quieren y que están "envenenando" el efecto entre ellos, que los otros "sienten celos o envidia de su relación”. Así desvía la cuestión y nunca responde por su conducta.
            Amenaza a su novia con abandonarla si no hace todo lo que él desea.
            Induce sentimientos de lástima, al justificarse o insistir con su vida desdichada o su infancia infeliz.
            No acepta formular o discutir planes para el futuro. No se compromete ni busca acuerdos para mejorar la relación.
            Recibe cariños, mimos y atenciones, pero nunca los devuelve.
            Pretende que lo acepten tal cual es y acusa de "castradora" o posesiva a la novia si se hace
alguna observación sobre sus actitudes.
            Nunca aprueba ni estimula de manera auténtica los actos o cualidades de la muchacha.
            Es poco sociable, se aísla y es desconsiderado con la familia y los amigos de ella.
            Es susceptible y está pendiente de lo que se diga o se comente sobre él. Se ofende rápido y cree que los demás andan detrás de lo que hace.
            Pone a prueba con subterfugios y engaños el amor de su novia, le pone trampas para ver si lo engaña, para averiguar si miente, si lo quiere, etc.
            Es caprichoso, cambiante y contradictorio. Dice que no se va a dejar dominar.
            Se niega a conversar o a discutir con franqueza acerca de los conflictos o los desacuerdos de
la pareja.
            Mantiene en vilo a la novia en fiestas y reuniones, coqueteando con otras de manera abierta o solapada.
            Es seductor y simpático con todos, pero a ella la trata con crueldad.
            Decide por su cuenta, sin consultar ni pedir opinión a la novia, ni siquiera en cosas que atañen
a ella sola.
            Promete cambios y mejoras en sus defectos o en sus adicciones. Nunca cumple, pero siempre renueva sus ofrecimientos.
            Piensa que las mujeres son inferiores y deben obedecer a los hombres. O no lo dice pero actúa de acuerdo con este principio.
            Para obligarla a mantener relaciones sexuales, pone en práctica toda clase de artimañas: la acusa de anticuada, pone en duda sus sentimientos o su amor por él, la acusa de frígida, la avergüenza haciéndola sentir como un bicho raro, como su fuera la única en el mundo que no se acuesta con el novio, le reprocha que a ella no le interesa que él "se caliente y no pueda desahogarse", amenaza con que se va a buscar a otras para acostarse con ellas, pone en duda su salud o su espontaneidad, dice que tiene "miedo de convertirse en mujer", le critica su atadura a los principios de los padres, o de una religión, o por sostener -según él una moral "inservible". Exagera defectos de la chica.
            Se burla, habla groseramente o en términos agraviantes acerca de las mujeres en general. Es una amenaza velada, para que la novia no se parezca al resto de las mujeres y sea sólo como a él le gusta.
            Es bueno y cumplidor en el trabajo, pero con la novia siempre llega tarde, no cumple lo prometido y se muestra irresponsable por sus olvidos o descuidos.
            Transforma todo en bromas o utiliza el humor para cubrir sus actos de irresponsabilidad, restándoles importancia a sus incumplimientos.
            Utiliza algún dato del pasado de la novia o lo que conoce de sus otras relaciones para efectuarle reproches o acusaciones o para probar su desconfianza en ella y en su amor.
            Exagera defectos de la chica haciéndola sentir culpable y descalificada.             Deja de hablar o desaparece por varios días, sin dar explicaciones, como manera de demostrar
sus enojos.
            Se muestra condescendiente y magnánimo, como si fuera un ser superior tratando con una nenita.
            No le presta atención a ella y con prepotencia asegura saber más o tener más experiencia.
            Se muestra protector y paternal. "Yo se lo que es bueno para ti, quiero lo mejor para ti, hago lo mejor para ti (hay que reemplazar el "para ti" por el "para mi" y se captarán las verdaderas intenciones).
            Se irrita y tiene estallidos de violencia. Luego actúa como si no hubiera pasado nada y deja a todos desorientados y confusos.
            Se burla de los enojos de ella.             Acusa injustamente a su novia de coquetear, salir o verse con otros hombres. La acusa de
"acostarse con otros".
            Mezcla el efecto con las discusiones haciendo notar que, si ella no piensa como él, no podrá seguir queriéndola.
            Siempre da más importancia a lo que le pasó a él que a lo que sucedió a ella.
            Utiliza nombres, diminutivos o términos que a ella no le agradan, porque siente que la disminuyen o ridiculizan.
            Tiene antecedentes policiales o se ha visto envuelto en asuntos un poco turbios o nunca aclarados del todo.
            Está convencido de que sus negocios, sus estudios o sus obligaciones son lo más importantes del mundo y lo fundamental de su vida. Exige que la novia se adapte a eso.
            Su forma de expresarse es grosera; constantemente utiliza palabras vulgares y habla en términos de acciones: "los reventamos", "a esos los vamos a matar"; "si viene le rompo la cara"; "a esa habría que darle una paliza"; "éste se está buscando una piña;" ES FUNDAMENTAL RECORDAR QUE UN ALTO ÍNDICE VERBAL PRONOSTICA ACTOS DE VIOLENCIA FÍSICA A CORTO PLAZO O MEDIO PLAZO.
            Expresa prejuicios religiosos, raciales o sexuales y lo fundamenta de manera colérica y encendida. Tiene rasgos de fanatismo.
            Es desconsiderado y violento al mantener relaciones sexuales. Se enoja si ella en algún momento no lo desea.
            Es impulsivo e intolerante. Impone su voluntad en el terreno sexual, sin tener en cuenta las necesidades femeninas.
            Aunque sea una vez, le pegó una bofetada a la novia, le dio empujones, le retorció un brazo, le apretó el cuello o la tomó fuertemente de los cabellos.[3]

Para pensar:
Estos son algunos antecedentes de varones violentos:
1.     De niño fue testigo o recibió abusos violentos en su familia de origen.
2.     Procedencia de una familia de modelo patriarcal, donde la mujer tenía un rol reducido al de sirvienta del padre.
3.     Familia sin demostraciones de afecto, llegando a sentirse solo y no valorado.
4.     Fue alentado a resolverlo todo por la fuerza o por amenaza de estados de ánimo negativos.
5.     Familia intolerantes o con disfuncionalidades.[4]


[1]Bernardo Stamateas, Sexualidad y erotismo en la pareja (Barcelona: Editorial Clie, 2008), 190, 194.
[2]“Golpes entre novios no son amores”, el Universal, http://www.eluniversal.com.co/cartagena/vida-sana/golpes-entre-novios-no-son-amores-14686 (consultado: 12 de setiembre, 2011).
[3]“Prevención de la violencia durante el noviazgo”, Instituto de sexología, http://www.institutodesexologia.org/Deteccion%20violencia%20noviazgo%20FERREIRA.pdf (consultado: 12 de setiembre, 2011).
[4]Ruiz-Jarabo Quemada, Consue, y Pilar Blanco Prieto. La violencia contra las mujeres : prevención y detección : cómo promover desde los Servicios Sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas (Madrid: Díaz de Santos, 2004), 186,187.

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