16 septiembre 2011

ARREPENTIDOS


Isaías 37:1 “Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová”.

Aunque era una costumbre difundida la de rasgar los vestidos y cubrirse con vestiduras ásperas, no dejaba de ser una expresión de supremo dolor. Hoy en día no nos vestimos con cilicio, pero si podemos reproducir las mismas actitudes de arrepentimiento.

Recuerda que no eres un ángel, sino un ser humano y estás en la necesidad de conocer y aceptar la gracia perdonadora de Dios.

Muchos venimos de una cultura en la que necesitamos hacer algo para tener certeza del perdón y la aceptación divina. Una penitencia. Pero el Señor solo nos pide que aceptemos su promesa de perdón. Debemos acercarnos a nuestro lugar de oración y confesar nuestros pecados ante los oidos celestiales.

Luego debemos creer que Dios es perdonador y misericordioso. Por último debemos tener el vivo deseo de no volver a realizar el pecado, y cuando llegue la tentación, resistir, porque el Señor vendrá en tu ayuda.

Por otro lado, distingamos arrepentimiento de remordimiento o vergüenza. Por un lado el arrepentimiento surge por haber ofendido a Dios, mientras que el remordimiento y vergüenza surge porque la reputación está en juego.

No busquemos tanto huir de las consecuencias de nuestras acciones, como el que Dios cambie nuestros corazones. Que nos retire el corazón de piedra y coloque en nosotros un nuevo corazón.

Gracias a Dios que es el padre que nos hubiese gustado tener, santo, misericordioso, firme y amoroso.

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