11 julio 2011

La relación entre padres e hijos


“Porque yo también fui hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre” (Pro 4:3). Los hijos son un regalo maravilloso de Dios. Son seres que han sido puestos  a nuestro cuidado para formarlos no solo como mujeres y hombres de bien para la sociedad, sino como futuros habitantes del cielo.

La relación entre padres e hijos, aunque tiene un eje transversal que tiene que ver con el amor, protección y acompañamiento, tiene diversas expresiones en las diversas etapas de la vida.

En la etapa de la niñez, “cuando la madre ha obtenido la confianza de sus hijos y les ha enseñado a amarla y a obedecerle, les ha dado la primera lección en la vida cristiana.  Deben amar y obedecer a su Salvador y confiar en él como aman y obedecen a sus padres y confían en ellos.  El amor que con sus cuidados fieles y educación correcta de sus hijos manifiestan los padres hacia ellos es un débil reflejo del amor que Jesús tiene por sus fieles”.

Aquí debemos enseñar a nuestros hijitos a ser dependientes. Deben aprender a pedir permiso y a estar sujetos a los padres, y esto por amor. “Una de las primeras lecciones que necesita aprender el niño es la de la obediencia.  Se le debe enseñar a obedecer antes que tenga edad suficiente para razonar”.[1]

Una realidad que debemos enfrentar es que hay tres clases de hijos: los hijos tranquilos, que uno les dice, “siéntate” y se sientan, o “quédate aquí y espérame” y se quedan allí y te esperan, o los que se les dice: “es hora de dormir, vamos” y dicen: “si mamá, papá, vamos”. Son niños ángeles. 

Están también los hijos “estándar”, con sus momentos felices, y también con momentos difíciles. A veces son un pan del cielo y a veces son hijos del trueno. Son hijos más parecidos a los de la mayoría. Con momentos buenos y malos.

Y por último, los hijos de “voluntad fuerte”. Estos niños son muy demandantes de la atención y paciencia de los padres, y estos se desgastan también por la educación de los niños.

Disciplina 

Para todos los “tipos” de hijo funciona muy bien el consejo de atenderlos con amor y enseñarles a obedecer. Sin embargo está el tema de la disciplina.

Cuando se disciplina a un niño, la falta de determinación confunde a un pequeño. Cuantas veces escucho a madres y padres decir constantemente frente a una mala conducta de su hijo: “¡te voy a castigar!”, y repiten esta frase como unas 10 veces y no hacen nada. Aquí les sugiero algunos tips de disciplina:

1.            Advierta.  A ningún niño le gusta irse a dormir (porque sienten que su día tan lindo se acaba) por ello están las escusas de “quiero ir al baño”, “tengo sed”, “léeme un libro”. Entonces anúncieles que luego del segundo libro apagará la luz… y cumpla. Esto ayuda al niño a prepararse y esperar lo que se dice.
2.            Mándelo a su cuarto, pero solo hasta que se calme. Si su hijo o hija hace un berrinche, es bueno aislarlo, pero solo hasta que se calme porque no es bueno que el niño se sienta solo mucho tiempo. Esto ayuda al niño y al padre a recobrar la calma.
3.            Tome su rabieta haciendo una broma, no de su hijo, sino de una situación similar. Pero tenga cuidado porque el niño puede reaccionar peor si siente que se están burlando de él.
4.            Quítele un juguete querido y explíquele por que lo hace, eso debe quedarle claro al niño y debe entenderlo.
5.            Entre otras estrategias están el prohibir su programa favorito, o su hora de juego con sus amigos o agregar trabajos domésticos adicionales.[2]

Se debiera evitar el golpe físico y la humillación del niño para conseguir un cambio de hábito. Recuerde papá o mamá, que disciplinar es parte intrínseca de amar.  

Dos asuntos de suma importancia

Aunque un tema crítico es la disciplina, en la que muchos no están de acuerdo, están también los temas del juego y del acompañamiento.

Para un niño, jugar es tan importante como comer. Los padres debemos jugar con nuestros hijos, pero no llevarlos a jugar nuestros juegos, sino introducirnos a sus juegos, volviéndonos niños con ellos o ellas, y de este modo, desde su espacio, podremos ganar un lugar de ventaja para influir en ellos.

Lo otro es el acompañamiento. Y esto no solo es durante la niñez, sino durante toda su vida, hasta su matrimonio. Se puede acompañar haciendo uso de las cinco maneras en que ellos entienden el amor.

Las palabras de afecto. Son palabras de afirmación y cariño que deben ser brindadas a nuestros hijos. Hay niños y jóvenes que necesitan reconocimiento como lenguaje primario de amor.

Actos de servicios. Otros niños y adolescentes entienden el amor de sus padres por los actos de ayuda y auxilio que reciben de ellos.

Contacto físico saludable. Una palmadita cariñosa en la espalda, un abrazo tierno, o un dulce apretón de manos harán que los niños y niñas entiendan el dulce amor de sus padres.

Tiempo de calidad. Algunos se sienten amados cuando se les da tiempo para dialogar e intercambiar opiniones. Conversar con tolerancia y respeto nos colocará como padres en una posición de influencia para con nuestros hijos.

Regalos.  También están los hijos que entienden el amor por los regalos, pequeños o grandes que reciban de sus padres.

Hay que ser hábiles para averiguar, por la observación, cual es el lenguaje de amor que nuestros hijos tienen. También hay que ser cuidosos de exponerlos a influencias positivas, y privarlos de las negativas, en la medida de las posibilidades.

Cuando son niños, es más sencillo velar por ello que cuando ya están grandes, ya que el colegio aparece como una influencia positiva o no en la vida de ellos. Por ello la importancia de ser protagonistas, como padres, de la vida escolar de nuestros hijos, asistiendo a las reuniones de padres y observando y escuchando con atención a nuestros hijos de lo que nos cuenten sobre las vivencias colegiales.

Primeros maestros a todo nivel.

Debemos ser padres esforzados por ser bueno. Somos ejemplo para nuestros hijos. Ellos construirán hogares similares a los que sus padres edificaron. Si sus padres se trataron con respeto y amor, y trataros a sus hijos con tolerancia, cariño y paciencia, ellos serán, cuando sea su tiempo, esposos, esposas y padres y madres, respetuosos, tolerantes, cariñosos y equilibrados como fueron sus padres.

Padres, es hora de dejar de lado nuestras debilidades y asumir roles de modelaje para nuestros niños.

El hijo sabio alegra al padre, Pero el hijo necio es tristeza de su madre. (Pro 10:1). Hijos, busquemos dominar nuestras pasiones para poder ser hijos de alegría y no de tristeza. Aprendamos el sublime arte del dominio propio. Busquemos modelos superiores de respeto, bondad y decencia.

Conclusión.

Somos padres, somos hijos, y todos deberemos dar cuentas a Dios de los roles que debimos asumir.
Quizá estamos comunicándonos con un hijo que lucha contra un vicio, o un padre que lucha contra sus tendencias cultivadas. Hoy te invito a entregar todo tu ser al Señor y verás lo que Él es capaz de hacer por ti y para ti.


[1]Elena de White, Conducción del niño (Bogotá: Asociación Publicadora Interamericana, 2002), 77.
[2]T. Berry Brazelton, y Joshua D. Sparrow, La disciplina: el método Brazelton (Bogotá, Colombia: Verticales de Bolsillo, 2009), 63 – 80.

No hay comentarios.: