29 julio 2011

FIELES PAMPANOS


Isaías 5: 4, 5 “¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada”.

“La historia de los hijos de Israel fue escrita para nuestra admonición e instrucción, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.  Aquellos que estén firmes en la fe en estos últimos días, y finalmente sean admitidos en la Canaán celestial, deben escuchar las palabras de advertencia pronunciadas por Jesucristo a los israelitas” (Alza tus ojos, 231).

El versículo de hoy revela el clamor desesperado de amor de un Padre tierno por ver como sus hijos lo abandonan a pesar de todos sus esfuerzos por revelarles su amor.

Hizo todo cuanto pudo para llevarlos a un conocimiento más intimo de las verdades eternas, y su pueblo no reaccionó. Dejaron a su Padre amoroso para servir piedras, maderas, talladas a la imagen de ¡ANIMALES Y HOMBRES! Que humillante.

Cuando leemos esto, somos llamados a pensar en la elevada posición en la que estamos hoy como hijos de Dios. ¿será que estamos dejando de lado al Señor para seguir a nuestras propias “divinidades”? ¿nuestro trabajo, un vicio, una persona, o algún otro ser está robándonos la atención que le debiéramos brindar al Señor?

Vivimos al final de los tiempos. Seamos la viña que dá vides. Aferrémonos a la vid verdadera (Cristo Jesús) y así seremos pámpanos que den frutos de vida eterna.

Hoy seamos parte de la vid verdadera.

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