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07 mayo 2011

¿SOY RICO?


Apocalipsis 3: 17 “ Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

“¿En qué consiste la miseria y la desnudez de los que se sienten ricos y enriquecidos? Es la carencia de la justicia de Cristo. Debido a su justicia propia se los representa como cubiertos de andrajos, no obstante lo cual se vanaglorian que están ataviados con la justicia de Cristo”.[1]

Así como los habitantes de la antigua Laodicea se sentían ricos por sus negocios lucrativos, no obstante que todo podría terminar en un solo momento por un desastre, guerra, enfermedad o cualquier otro motivo, los cristianos de la época simbolica de Laodicea (1844 hasta hoy) han llegado ha confiar más en sus propios méritos y fortalezas.

Los estudios y los grados académicos, la belleza física, las marcas de las indumentarias, los caros objetos que usan o en que se desplazas, las abultadas billeteras, o cualquier otro símbolo de distinción los ha llevado a confiar más en aquello, volviéndose independientes del Señor.

Tienen su confianza más en sus logros individuales o corporativos que en su comunión íntima con el Señor.

El Señor pregunta a los miembros de la iglesia: ¿Dónde está tu riqueza si eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo?”

La riqueza en la que ellos confían se puede terminar en un instante, y se verían en el espejo como realmente están: sin esperanza. Ha habido casos de familias que lo perdieron todo, y de no haber sido por la esperanza, habrían perecido.

El Señor desea que hoy tú y yo dejemos de poner nuestro corazón en nuestros logros y lo pongamos en la tierra de más allá del sol. Pongamos nuestra confianza en aquel que es poderoso en todo, en el Señor Dios.


[1]Elena G. de White, Cada día con Dios (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana), 229.

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