04 abril 2011

PREOCUPADO POR TI


Apocalipsis 1:17 “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;”

Juan acaba de ver al Señor en la visión y, aunque se trata de una visión, y el Señor a velado su verdadera apariencia física, el profeta pierde las fuerzas porque su humanidad caída no puede soportar estar delante de la santidad. Esta es una característica de los profetas cuando entraban en visión (Ez 1:28; 3:23; Da 8:17; 10:7-10; Hch 9:4; Is 1:5).

El Señor puso su mano derecha sobre Juan. Esto es tremendo. ¿Dónde puso el Señor las estrellas que tenía en su mano derecha para tocar a Juan? Y es que no las dejó nunca, al tocar a Juan también estaba tocando una estrella, porque estas son un símbolo también de los mensajeros de su voluntad en todo el mundo, ya que son siete y esto representa plenitud y perfección.

Esta también es otra señal de la clara preocupación de Dios por sus hijos que no pueden soportar su gloria, pero Él interviene para que lo hagan.

Las palabras del Señor luego son muy significativas:

No tengas miedo es una frase que acompañaba generalmente a la aparición del temor propio del profeta frente a la novedad de ver de cerca a Dios (Juec 6: 22-23; 13: 20-22; Mat 28: 5; Luc 1: 13, 30; 2: 10)

El Señor se presenta como el primero y el último, el alfa y la omega, es una alusión a Isaías 44:6 donde el Señor se presenta como Jehová de los Ejércitos, como el único y soberano Dios.

Este título puede aplicarse fácilmente al Padre o al Hijo, aun al Espíritu Santo, porque, al ser tres personas de la misma Trinidad, se podrían utilizar los títulos de uno en el otro. Esto ayuda a la idea de una Deidad Trina y Una. De una Trinidad con miembros diferentes pero a la vez de la misma sustancia y propósito.

En otras palabras tenemos a nuestro Dios totalmente interesado en cuidar de sus siervos y ayudarlos para que puedan entender su buena y santa voluntad  y de ese modo llegar a rescatarlos de este mundo en tinieblas.

Dios cuidó mucho de Juan para que este llegara a presentar sus mensajes a las iglesias. Con el mismo cuidado y cariño que tuvo por Juan, Dios quería llegar a las iglesias por medio del ministerio profético de su siervo, con mensajes de esperanza y consuelo, así como de aliento y seguridad.

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