02 abril 2011

NUESTRO INTERCESOR


Apocalipsis 1:13 “y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”. 

En medio de las lámparas, Juan vio a uno semejante al Hijo del Hombre; este personaje aparece también en Daniel 7:13, y señala al Señor Jesucristo acercándose al Señor Dios Padre para recibir el reino luego que los cuatro imperios mundiales y los otros siete con el cuerno pequeño estaban haciendo su obra.
Es el Señor Jesucristo en medio de las iglesias. Él es la luz del mundo, y es quien les brinda la luz a las iglesias. El las ilumina y comparte su brillo con ellas. Es Él quien las hace útiles y la ayuda de seguir siendo útiles.
Su ropa que llegaba hasta los pies y su pecho ceñido por un cinto de oro alude a Éxodo 8:8, 27; Isaías 11:5; Daniel 10:2-12, donde se presenta a un personaje vestido de forma similar. Pareciera que es la vestidura de un sacerdote, con su cinto en el pecho como si fuese un efod de oro, pero sin piedras preciosas, quizá porque las doce tribus no son solo las que están en el corazón de Dios, sino toda la humanidad de creyentes en su nombre.
Entonces se trataría de una representación del ministerio de Cristo en el santuario celestial como sacerdote en nuestro favor, y el Apocalipsis como un mensaje, con diversos temas, pero todos engarzados en la lucha por vindicar la verdad de la obra de Cristo en contra de la obra diabólica de echar por tierra la verdad a través de un falso sistema de intercesión.
Esta es otra alusión al Santuario y sus servicios. Encuentro en este primer capítulo algunos temas que aparecen de modo repetido: la Trinidad, trabajando en armonía para consolar y salvar a la humanidad; el Santuario con sus elementos celestiales; el ministerio de Cristo en aquel Santuario, interesado en llegar con un mensaje a las iglesias; y, el Remanente de origen griego y judío que forma la iglesia cristiana y que es receptora de la revelación, y por él, toda el remanente de las siete etapas del cristianismo.
El Señor Jesús en nuestro sacerdote y ayudador, no hay otro como Él. Es el que ministra en el Santuario. Podemos acudir ante el Padre con confianza en los méritos del Cordero de Dios, porque además de ser nuestro sacrificio, es nuestro intercesor y abogado. Bendito sea el Señor que aun en este texto, nos da esperanza de salvación.

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