31 marzo 2011

UN HOGAR CELESTIAL EN LA TIERRA


Salmos 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia”.

“Nosotros, los que vivimos en las postrimería del tiempo, tenemos el privilegio de estudiar el Antiguo Testamento en conexión con el Nuevo.  Nuestra fe y valor debieran fortalecerse al ver cómo las profecías se cumplen.  Pero ¡cuántos hay que son incrédulos! ¡Cuántos hay que revelan egoísmo y rudeza en su trato mutuo! ¡Cuántos cristianos profesos nunca parecen satisfechos a menos que estén empeñados en una contienda! ¡Cuántos hogares están quebrantados debido a que sus miembros reciben las sugerencias de Satanás y actúan de acuerdo con ellas!” (Alza tus ojos, 160).

Con razón el Señor dejó dicho siete veces que recibirán el premio quienes salgan vencedores. Pero vencer no es una obra fruto de la ley del menor esfuerzo. Exige esfuerzo por dominar en primer lugar nuestro propio temperamento y carácter. En poner vigilancia permanente e intencional a nuestros pensamientos y sentimientos.

El hogar es el primer campo misionero donde todos los miembros de la familia debieran de respetarse y ayudarse. Pero cuan a menudo los miembros de un hogar cristiano ceden a sus tendencias naturales o cultivadas de hacer el mal a quienes los aman, revelando así que se sirven a si mismos y no al Rey de reyes.

Es nuestro deber hacer de nuestro hogar un pedacito de cielo, donde los niños encuentren armonía y formación adecuada. Cuidemos nuestras maneras y modos de tratar. Cuidemos nuestras actitudes. Elaborémonos en nuestro trato y respeto mutuos. Hoy es un buen día para comenzar.

Dios debe edificar nuestro Hogar, pero tomemos de los materiales que Él a provisto para ello: Un carácter bueno y un corazón amable.

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