20 marzo 2011

UN DIA SIN TEMOR


Salmos 56:3 “En el día que temo, Yo en ti confío”.

“No fueron escritas estas cosas únicamente para que las leamos y nos asombremos, sino para que la misma fe que obró en los siervos de Dios de antaño, obre en nosotros.  Dondequiera que haya corazones llenos de fe que sirvan de conducto a su poder, no será menos notable su modo de obrar ahora que entonces” (Conflicto y valor, 368).

En nuestra experiencia hay día llenos de rayos de sol, que nos alegran. Días en los que, desde que abrimos nuestros ojos, todo se conjuga para vivir con alegría. Los pájaros cantan alegremente, el cielo está totalmente despejado y la dinámica familiar se desarrolla con alegría y paz.

Pero también están los días en que somos presa del miedo por algún trabajo pendiente a presentar, una prueba a rendir, una enfermedad de la que sabremos los resultados a los exámenes tomados, un examen para algún trabajo, una reunión incomoda. Para colmo, ese día está nublado, los pájaros aparentemente emigraron y ni siquiera los perros del vecindario ladran.

Hay días en los que todo conspira para llenarnos de temor. El temor es una emoción natural ante lo desconocido. Pero, solo aquellos que hayan aprendido a entrenar su fe en el inmenso amor y justicia del Señor, podrán exclamar con el salmista: “En el día que temo, yo en ti confío”.

Esto no es un hecho natural del corazón poderoso de David, sino el resultado de una vida de comunión constante en medio de las tribulaciones y vicisitudes de la vida. La confianza en Dios se desarrolla en medio de las dificultades. La oveja sigue a su pastor aun por el valle de sombra de muerte.

Si hoy estás teniendo un día desafiante que provoca temor en ti, alégrate y lejos que el día haga de ti su presa, imponte al día y confía en el Todopoderoso Dios.

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