28 marzo 2011

A SUS PIES


Salmos 110:1 “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”.

“El amor del Padre hacia una raza caída es insondable, indescriptible y sin parangón.  Este amor lo indujo a consentir dar a su Hijo unigénito para que muriera, a fin de que el hombre rebelde pudiera ser puesto en armonía con el gobierno del cielo, y pudiera salvarse de la penalidad de la transgresión” (La maravillosa gracias, 80).

Este es un texto que resalta la acción coordinada y armoniosa entre el Padre y el Hijo en torno al plan de salvación.

En su amor y misericordia, el consejo de paz planificó que el que es todo amor viniera a esta tierra para soportar la penalidad generada por la transgresión del hombre. Una pena que exigía la muerte eterna del pecador. Cristo se ofreció a sustituir al pecador.

Una vez consumada la obra de redención, ahora el Señor intercede por nosotros ante el Padre en el Santuario Celestial, declarando a quienes se arrepientan de sus pecados como seres justos por su gracia.

Ahora el Señor espera el momento para venir a esta tierra y ver a sus enemigos ante él, reconociéndole como Señor y Rey de Reyes, y cayendo muertos ante su santísima presencia.

Solo dios es capaz de prepararnos para el encuentro con Él.

Hoy busquemos estar a la altura de aquel gran día de salvación.

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