30 marzo 2011

PUREZA


Salmos 119:9 “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”.

“La pureza de la vida y un carácter plasmado según el Modelo divino no se obtienen sin ferviente esfuerzo y principios bien determinados.  Una persona vacilante no tendrá éxito en alcanzar la perfección cristiana.  La tal será pesada en balanza y hallada falta.  Como un león rugiente, Satanás busca a su presa.  Ensaya sus trampas en cada joven desprevenido. . . . Satanás dice a los jóvenes que hay tiempo suficiente todavía, que pueden complacerse en el vicio y el pecado esta sola vez y nunca más” (Conducción del niño, 440)

Y es que Dios nos regala su amor y su justicia, si es que vamos arrepentidos a su trono de gracia. Dios jamás nos echará afuera, sino que es lleno de misericordia. Pero el camino de la santificación es minuto a minuto. Es una batalla contra los propios deseos de nuestro corazón y exige la participación activa de nuestra voluntad para decidir estar del lado del príncipe de los cielos. Este trabajo diario de la voluntad se llama santificación.

Esos de deseos de pureza y esos esfuerzos para ser limpio delante de Dios son regalos de Él mismo para vencer al pecado. Todo don perfecto viene de Dios. Él nos regala el querer como el hacer por su buena voluntad. Nada bueno podemos hacer por nosotros mismos, sino fuera por el Señor. Y nuestra débil voluntad humana, unida al poder divino se hace invencible. Pero es necesaria nuestra participación. No podemos esperar que el Señor lo haga todo. Debemos APARTARNOS DEL MAL, y así estaremos limpiando nuestros caminos.

Pero recuerden, esto no lo logramos solos, sino que Dios participa activamente sembrando en nosotros el deseo (querer) y la voluntad (hacer) para de no contaminarnos más con lo que antes era nuestro pecaminoso deleite. Hoy busquemos al Dios de nuestra pureza. Hoy dejemos que el Señor limpie nuestro camino.

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