15 marzo 2011

NO SEAMOS TERCOS


Salmos 32:9 “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
Porque si no, no se acercan a ti”.

“Entonces será desarraigado el egoísmo y no existirá la infidelidad.  No habrá contiendas ni divisiones.  No habrá terquedad en nadie que esté unido con Cristo. Nadie procederá con la terca independencia del descarriado e impulsivo niño que deja caer la mano que lo conduce y elige tropezar solo...” (A fin de conocerle).

Cierto día, cuando salíamos a caminar con mis hermanas, yo tenía unos 8 años, y nos pusimos a jugar. Mientras corríamos por la bajada en la que estaba ubicada la casa de mis abuelos, pues tropecé y caí en unas piedras. La sangre salió de mi quijada. Me había herido.

Aprendí una lección… de bajada no se corre, porque la inercia te puede ganar.

Cierto día, salimos a caminar con mis hijas por los cerros que rodean a la Universidad Peruana Unión. Entonces, ambas, en medio de su juego, comenzaron a correr en una bajada. Mi hija menor tropezó y cayó. Yo me llené de angustia, corrí hacia ella y la observé. No había ninguna herida, pero lloraba. Ella tuvo que aprender con golpes que de bajada no se corre, a pesar de mi advertencia.

Amigos, amigas, el Señor nos llama hoy a no ser olvidadizos, ni tercos, sino que depongamos nuestros argumentos y aceptemos la buena voluntad del Señor, soberana y perfecta, aunque con nuestros ojos humanos, y envueltos en nuestra realidad, no podamos entender.

Hoy seamos dóciles a la Palabra del Señor, tal y como se encuentra en la Biblia.

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