27 marzo 2011

MIL CAERAN


Salmos 91:7 “Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará”.

“El pueblo de Dios no quedará libre de padecimientos; pero aunque perseguido y acongojado y aunque sufra privaciones y falta de alimento, no será abandonado para perecer. El Dios que cuidó de Elías no abandonará a ninguno de sus abnegados hijos. El que cuenta los cabellos de sus cabezas, cuidará de ellos y los atenderá en tiempos de hambruna. Mientras los malvados estén muriéndose de hambre y pestilencia, los ángeles protegerán a los justos y suplirán sus necesidades” (Conflicto de los siglos 688).

Una religión con picos emocionales como única guía de bienestar puede resultar estando en riesgo. Basar nuestra realidad emocional en si nos sentimos bien o no, o solo basarla en los éxitos o en los bien que nos va en la vida puede resultar engañoso y frustrante.

Es cierto. En la experiencia cristiana van a sucederse episodios, y varios, en que nos sentimos bien y acompañados del Señor. Pero también están los valles de sombra de muerte, también están los episodios de aparente derrota, los valles de lágrimas, los lugares en que nos quedaremos solos porque mil caerán a tu lado y diez mil a otro. En esos momentos, no podemos dejarnos llevar por lo que sentimos sino por las promesas puras del Señor.

El Señor permite que pasemos con Él por esos lugares de aparente soledad y peligro real, porque quiere que aprendamos a depender de nuestro pastor, de quien transitó antes por aquellos lugares, y lo hizo solo. El quiere pulir tu carácter y el mío para así hacerlos idóneos para el reino de los cielos donde no habrá egoísmo.

El Señor no prometió que todo sería un camino de rosas, sino que en medio de las tempestades y tribulaciones, Él estaría contigo. Y lo puedes llegar a ver no con los ojos del corazón sentimental, sino con los ojos de la fe.

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