30 marzo 2011

ESCUCHANDO A DIOS


Salmos 119:103 “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca”.

“Cuando se lee la Biblia con disposición humilde y deseos de aprender, se está en trato con Dios mismo.  Los pensamientos expresados, los preceptos especificados, las doctrinas reveladas, son una voz del Dios del cielo...” (A fin de conocerle, 199).

No solo se trata de leer la Biblia con descuido sino echando mano de la voluntad para hacerlo; separando un tiempo apropiado y destinado al exclusivo habito de leer la Palabra.

Cuando hacemos de la lectura de las Escrituras un ejercicio de oración, entonces los pensamientos puros surgen de la mente. El Espíritu Santo puede actuar en un terreno fértil. La Palabra de Esperanza cobra nuevo sentido y los pensamientos se deleitan en el entendimiento de lo que antes era solo letras en blanco y negro.

El Señor interviene en este proceso iluminando la mente con luz del cielo y se puede escuchar la voz de Dios expresando su dirección y voluntad para el hombre y la mujer que buscan escucharlos.

Esta es la experiencia de quienes separan un tiempo para estudiar la Biblia y luchan por mantenerlo en pie. Necesitamos un momento de reflexión y conversación con Dios mientras estudiamos su Palabra. A la vez que las Palabras cobran vida, ir conversando con el Señor sobre aquello. Esto es orar.

Hoy recordemos que si estamos tan ocupados que no tenemos un tiempo de comunión y estudio con Dios, entonces no es su voluntad que estemos tan ocupados.

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