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17 marzo 2011

CON FE DE NIÑO


Salmos 42:1 “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía”.

“Con la fe confiada de un niñito, hemos de acudir a nuestro Padre celestial, contándole todas nuestras necesidades.  Siempre está listo para perdonarnos y ayudarnos.  La fuente de sabiduría divina es inagotable y el Señor nos anima a sacar abundantemente de ella.  El anhelo que podríamos tener de bendiciones espirituales se describe en estas palabras…” (Dios nos cuida, 21).

No poder empezar el día sin haber tenido un momento a solas con el Señor.

Orar, estudiar su palabra, meditar en ella, son los momentos que le dan sentido a todo lo demás. Es la plataforma sobre la cual se construyen todos los demás pensamientos, palabras, sentimientos y acciones.

La fe es como un músculo. Mientras más la ejercitemos, más fuerte se hará. Y nadie dijo que hacer ejercicios fuese fácil en un principio. Hacer diez planchas (lagartijas) en el suelo, no es tarea fácil si es que se tiene un abdomen prominente, pero si se practica todos los días, en poco tiempo, las diez planchas serán veinte o más.

La fe confiada de un niño surge cuando nos ponemos en las manos de Dios cada día y atravesamos todas las vicisitudes diarias en plena comunión con Él. Hablamos, reímos, comemos, pensamos, nos relacionamos, como viendo al invisible, y aun andando en valle de sombra de muerte, forzamos la visión para verlo aun más cerca.

Hoy iniciemos el día, anhelando pasar tiempo con nuestro Salvador.

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