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17 febrero 2011

ESTOY SOLO… EN VERDAD NO


Salmos 22:1 “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?”

“Cristo cargó sobre sí los pecados del mundo entero.  Soportó nuestro castigo, la ira de Dios contra la transgresión.  Su procesamiento implicó la tremenda tentación de pensar que Dios lo había abandonado.  Su alma se sintió torturada por el peso del horror de una gran oscuridad. . . No podría haber sido tentado en todas las cosas como el hombre es tentado si no hubiera existido la posibilidad de que cayera.  Fue un agente libre, puesto a prueba, tal como lo fue Adán y como lo es el hombre”. (Dios nos cuida, 290).

Cuán grande fue la tentación que recibió el Señor Jesús. Algunos dicen que Jesús no puede ser nuestro modelo porque no fue tentado en todo. Claro. Jesús no fue tentado con el éxtasis, internet, tarjetas de crédito o mujeres… pero si fue tentado en aquello en lo que nuestra raza fracasó. La tentación de sobre depender de Dios, la tentación de no depender de Dios y la tentación del apetito.

En estas tres tentaciones puedes ubicar todas las tentaciones que nosotros enfrentamos. Cristo fue tentado en el zumo de las tentaciones. Enfrentó la esencia misma de la tentación, diseñada especialmente contra alguien como Él, por el mismo archi enemigo de las almas, el diablo mismo y en persona.

Agradezcamos al Señor porque se arriesgó en salvarnos, porque sufrió lo que nosotros debimos sufrir, y nos dejó un modelo de perfecta justicia, para ayudarnos, para darnos esperanza, para ser nuestro sumo sacerdote en el Santuario Celestial, para interceder por nosotros y para justificarnos por la fe.

Bendito y Alabado sea el Señor.

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