07 diciembre 2010

TRABAJO FIEL


Nehemías 2:18 “Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien”.

“Nehemías, uno de los desterrados hebreos, ocupaba un cargo de influencia y honor en la corte de Persia. Como copero del rey, tenía libre acceso a la presencia real. En virtud de su puesto, y gracias a su capacidad y fidelidad, había llegado a ser amigo y consejero del rey. Sin embargo, y a pesar de gozar del favor real y de verse rodeado de pompa y esplendor, no olvidaba a su Dios ni a su pueblo” (Profetas y reyes, 464).

Gracias a que Nehemías fue diligente en realizar su trabajo, se volvió confiable para el poderoso rey Medo Persa y a su vez de gran ayuda para su pueblo.

Cuando relató la obra de Dios a través de él mismo para lograr los permisos del parte del Rey para construir la reconstruir la ciudad, pues el pueblo fue impresionado con la buena voluntad de Dios y del monarca, así como del liderazgo eficiente del nuevo líder de los que quedaron del exilio en Babilonia.

No solo basta con ser consagrado, de orar mucho y de leer la Biblia y libros espirituales, sino que hay que ser muy laboriosos y hacendoso en los deberes diarios. La vida espiritual es un aspecto de la vida del ser humano, pero no puede ser más digna que los otros aspectos.

Un cristiano “consagrado”, pero sucio, ocioso y descuidado no es cristiano, sino un flojo.

Busquemos ser buenos hijos de Dios, pero que se note en nuestro quehacer diario, haciendo nuestro trabajo fielmente.

Nehemías 4:9 Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.

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