01 diciembre 2010

¿Casarse por segunda vez?


Recordemos en primer lugar que:

“Ud. ha tenido ideas erróneas acerca de la relación matrimonial.  Nada que no sea la violación del lecho matrimonial puede romper o anular el voto del casamiento.  Estamos viviendo en tiempos peligrosos, cuando no hay seguridad en nada que no sea una fe firme e inquebrantable en Jesucristo.  No hay corazón que las artimañas de Satanás no puedan enajenar de Dios, si no vela en oración”.[1]

Si hubo una separación o divorcio cuyo causal no fue el adulterio, pues en vano pensar en un nuevo matrimonio porque a la vista de Dios no hubo ruptura matrimonial. Si hubo adulterio, la parte inocente puede solicitar el divorcio, aunque primero se aconseja lograr el perdón, pero de no ser así, pues tristemente se procede. De ser así la parte inocente puede volverse a casar.

Un nuevo matrimonio es una experiencia real por la que atraviesan muchos. Pero cuantos matrimonios se pudieron haber salvado de haber sido orientados en el noviazgo o durante los primeros años de unión matrimonial. Esta es una reflexión para quienes desean casarse. Deben de tener y desarrollar un buen noviazgo, lo que disminuirá los riesgos de futuras rupturas. Un buen noviazgo llevará a un buen matrimonio.

Otra causal es el caso de la muerte del cónyuge. En tal realidad, se aconseja que el cónyuge doliente se recupere de la pérdida del ser amado para iniciar una nueva relación que conduzca al matrimonio.

El  periodo de luto y sanación varía de persona a persona.  Y luego, aunque el dolor del recuerdo no sea agobiante ya, quizá se convierta en nostalgia, la cual, aunque llevadera y leve, se manifestará por muchos años probablemente.


[1] Elena de White, El hogar Cristiano ( Mountain View, Calif: Publicaciones Interamericanas, Pacific Press, 1975), 310.

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