20 octubre 2010

NO SOMOS ISLAS


1 Reyes 2:12  “Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera”.

“David sabía que el alto propósito de Dios en favor de Israel sólo podría cumplirse si los príncipes y el pueblo procuraban con incesante vigilancia alcanzar la norma que se les proponía.  Sabía que para desempeñar el cometido con el cual Dios se había complacido en honrar a su hijo Salomón, era necesario que el joven gobernante no fuese simplemente un guerrero, un estadista y un soberano, sino un hombre fuerte y bueno, que enseñase la justicia y fuese ejemplo de fidelidad” (Profetas y reyes, 17).

Nuestras vidas tienen influencia y más de una vez somos inconscientes de cuanta. Muchos creen que sus actos pasan desapercibidos, pero solo en la eternidad nos enteraremos de las repercusiones de nuestras decisiones.

Salomón era el indicado, humanamente hablando, para ejercer el cargo de rey de Israel, pero a pesar de su alta preparación académica, militar y de liderazgo, su éxito radicaría en que fuese BUENO y fuerte (carácter firme para tomar las decisiones conducentes a lo bueno aunque la mayoría no piense así). Que el príncipe buscara con DILIGENCIA (esfuerzo premeditado) enseñar con su vida y palabras lo correcto y justo y que fuera EJEMPLO de lealtad hacia Dios y hacia sus gobernados.

La vida de Salomón ha llegado hasta nuestros días para darnos múltiples lecciones, pero una de ellas para hoy es que, si deseamos ser personas que impacten a los demás de manera positiva y con un mensaje eterno, debemos buscar alcanzar la alta norma que se nos propone como hijos e hijas de Dios.

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