16 octubre 2010

HUMILDAD


2 Samuel 18:9  “Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante”.

“Absalón, el de aspecto principesco, cuya hermosura gloriosa había sido el orgullo de Israel, había sido abatido en pleno vigor de la juventud, su cadáver arrojado a un hoyo y cubierto de un montón de piedras, en señal de oprobio eterno.  Durante su vida Absalón se había construido un monumento costoso en el valle del rey, pero el único monumento que marcó su tumba fue aquel montón de piedras en el desierto” (Patriarcas y profetas, 805).

Luego uno de los soldados de Israel acabó con aquel ingobernable joven. Así murió un hombre que no fue bien educado.

Puede que seas de buen parecer. Que Dios haya sido generoso contigo al concederte belleza o simetría física. Pero no te envanezcas ni creas que las reglas no se aplican a ti por ser alguien por sobre la media de la población. Puede que en tu caso sea la belleza, pero también puede ser la fuerza física, la velocidad, la inteligencia, el criterio, el dinero o el arte. Como sea, no te engrías en las habilidades que Dios te ha dado. Todo eso es para gloria de Dios.

Absalón fue presa de su engreimiento. Pongamos todos los dones que Dios nos ha dado en su servicio constante. Un gran abrazo.

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