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13 octubre 2010

FIDELIDAD


2 Samuel 7:12  “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino”.

“David sabía que sería un honor para él, y que reportaría gloria a su gobierno, el llevar a cabo la obra que se había propuesto en su corazón; pero estaba dispuesto a someterse a la voluntad de Dios.
Muy raras veces se ve aun entre los cristianos la resignación agradecida que él manifestó. ¡Cuán a menudo los que sobrepasaron los años de más vigor en la vida se aferran a la esperanza de realizar alguna gran obra a la que aspiran de todo corazón, pero para la cual no están capacitados! Es posible que la providencia de Dios les hable, tal como le habló su profeta a David y les advierta que la obra que tanto desean no les ha sido encomendada” (Patriarcas y profetas, 770).

Cuanta humildad la de David. En el relato bíblico David aparece en diversas facetas: como un humilde pastorcillo, como un jovencito lleno del Espíritu Santo, como un joven líder valiente frente al gigante, como un hombre de carne y hueso, como un hombre arrepentido, como un hombre agradecido, pero sobre todo un hombre con la percepción espiritual suficiente como para hacer caso al Señor y a sus mensajeros.

Ahora el Rey que esperó toda su vida para hacer una gran obra, como Moisés, se somete a la voluntad del Señor. Así como el privilegio de Moisés, de introducir el pueblo a Canaán, recayó sobre Josué, el privilegio de construir una casa a Jehová recayó sobre el hijo de David: Salomón, que significa pacífico.

Este gran líder recibió la noticia con agradecimiento y alegría. ¿Hoy recibiremos con la misma confianza en el Señor los aparentes “no” de Dios?

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