25 octubre 2010

BUSQUEMOS CONSEJO


1 Reyes 12:10  “Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre”.

“La resolución que expresaron de perpetuar e intensificar la opresión iniciada durante el reinado de Salomón, estaba en conflicto directo con el plan de Dios para Israel, y dio al pueblo amplia ocasión de dudar de la sinceridad de sus motivos. En esa tentativa imprudente y cruel de ejercer el poder, el rey y los consejeros que eligió revelaron el orgullo que sentían por su puesto y su autoridad” (Profetas y reyes, 66).

Cuando Dios da autoridad a un hombre o a una mujer deben estos correr a los pies del maestro para ser preparados a fin de seguir únicamente los planes de quien los puso en tal situación. Para quienes ejercen influencia, el ponerse de rodillas delante de Dios y hacer su culto personal pasa de ser un privilegio y se constituye en un deber, el primer deber de cada día a fin de estar en armonía con la voluntad revelada de Dios en su palabra.

Roboam, hijo de Salomón, no tomó el consejo de los viejos consejeros quienes habían visto el desarrollo geopolítico de la nación por años, sino que atendió al consejo de mozos tan o más inexpertos que él en decisiones cívicas. Esta es otra lección que aprendemos del texto de hoy. El consejo debe de pedirse de personas mayores que sean consagradas y al Señor y cuenten con la experiencia necesaria en el área que nos causa dificultad a fin de que cuenten con respuestas que nos orienten.

Si tenemos puestos de autoridad, busquemos fervientemente la dirección del Señor en primer lugar y en segundo lugar el consejo de nuestros hermanos mayores en la fe.

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