23 mayo 2010

DIOS AMA A LA IGLESIA, YO TAMBIEN

La iglesia es el único objeto en este mundo en el cual se centra el intenso interés de Cristo, por el cual tiene incesante cuidado.  Esta iglesia está comprometida en la tarea de obtener el conocimiento de Dios y Jesucristo, que es vida eterna para todos los que lo reciben.  Dios busca en cada alma principios firmes que se revelen en palabras y acciones.  Entonces sacarán del tesoro de su casa palabras cargadas con los principios de la verdad eterna. (Alza tus ojos, 238).

Tengan cuidado de los que se levantan con la gran responsabilidad de denunciar a la iglesia.  Los elegidos que están de pie para hacer frente a las tormentas de la oposición del mundo, y están levantando los pisoteados mandamientos de Dios para exaltarlos como santos y honorables, son ciertamente la luz del mundo. ¿Cómo se permiten juzgarlos estos mortales y llamar ramera a la iglesia, Babilonia, cueva de ladrones, habitación de toda ave sucia y aborrecible, morada de demonios, que da de beber a las naciones el vino de su fornicación, que se confedera con los reyes y grandes de la tierra, que se enriquece gracias a la abundancia de sus delicias, para proclamar que sus pecados han llegado hasta el cielo y que sus iniquidades han venido en memoria delante de Dios? ¿Es este el mensaje que le tenemos que dar a los adventistas del séptimo día? ¡Les digo que no!  Dios no le ha confiado a nadie tal mensaje.  Humillen esos hombres sus corazones delante de Dios, y con verdadera contrición arrepiéntanse por haberse puesto siquiera por un instante al lado del acusador de los hermanos que los acusa delante de Dios de día y  de noche. . . (Cada día con Dios, 173).

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