21 agosto 2009

LA GLORIA ES DE JEHOVA


Jueces 4:15 “Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie.”

“Los israelitas se habían ubicado en una posición ventajosa en las montañas, esperando la oportunidad favorable para el ataque. Alentado por la seguridad que le dio Débora de que en ese día obtendrían una victoria significativa, Barac condujo a su ejército hacia la abierta planicie y atacó audazmente al enemigo. El Dios de los ejércitos luchó a favor de Israel, y ni la capacidad bélica ni la superioridad numérica ni el equipo que poseían pudieron soportar el ataque. Las huestes de Sísara fueron presas del pánico. . . Sólo Dios pudo haber derrotado al enemigo, y la victoria sólo podía adjudicarse a El”. (Signs of the Times, 16 de junio de 1881).

Cuando somos consientes que lo que vivimos ahora lo vivimos en la fe en el Hijo de Dios, entonces, todas las victorias y pruebas las atravesamos, gozamos o sufrimos por amor de el que nos amó y se entregó a si mismo por nosotros.

El ejército de Sisara era superior en todo aspecto a las débiles fuerzas de Israel, pero la derrota infligida a tan grande ejercito por parte de tan pequeña hueste solo pudo ser obra de un Gran General, el Dios de los ejércitos de Israel.

Cuando un gran general victorioso regresaba a Roma, un hombre siempre le recordaba a sus espaldas esta frase: “Recuerda que eres hombre y no un dios”, a fin de que la victoria no nublara su juicio. Es fácil recordar a Jehová en medio del dolor y la adversidad, pero es muy difícil recordarlo en medio de los reconocimientos y halagos. Todo don perfecto viene de Dios.

Nuestros logros y éxitos legítimos son y suceden para que Jehová sea glorificado porque de Él vinieron las habilidades y oportunidades que se presentaron. Solo entonces, cuando reconozcamos el tierno cuidado protector del Señor, la victoria será de Jehová.

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