14 julio 2009

SIN SANGRE

Levíticos 3:17 “Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis.”

“La carne se sirve despidiendo un fuerte olor a grasa, porque conviene al gusto pervertido. Tanto la sangre como la grasa de los animales son consumidas como manjares deliciosos. Pero el Señor dio instrucciones especiales de que estas cosas no debían comerse. ¿Por qué? Porque su uso produciría una corriente sanguínea enferma en el organismo humano. El no prestar atención a las instrucciones especiales del Señor ha traído una variedad de dificultades y enfermedades a los seres humanos... Si éstos introducen en su organismo lo que no puede constituir buena carne y buena sangre, deben soportar los resultados de su falta de atención a la Palabra de Dios.” (Consejos sobre el régimen alimenticio, 471, 472).

Cuando el Señor nos da una instrucción es para ser oída y no solo eso, sino también aplicada. En cuanto al consumo de nuestros alimentos, el Señor no dejó en la oscuridad a su amado pueblo para que obrasen según su criterio, sino que como Padres amoroso también les dio la instrucción necesaria.

Los hijos de Dios de todas las edades debían escuchar esta instrucción de salud. Recordemos que vivimos en medio de un gran conflicto entre el bien y el mal y esto es así desde Adán, y todas las instrucciones de salud y demás que el Señor nos ha legado en la Biblia tenían como fin preparar a sus hijos para la salvación, es decir, la victoria en este conflicto. Solo aquellos capaces de enfrentar con éxito las pruebas, serán capaces de tomar la corona de la vida, porque son ovejas que van donde su Pastor los guía.

Desde esta perspectiva, la mente obediente tiene suficientes argumentos para obedecer. Pero Dios llega también a la mente cuestionadora a través de la luz menor para llamar cariñosamente a la conciencia. Las instrucciones de salud tienen como objetivo preparar a un pueblo para la Segunda Venida. Hoy permanezcamos del lado del deber aunque se desplomen los cielos. Avancemos por fe. Si el Señor nos pide algo, no es solo porque quiere que tengamos una salud eficiente, sino para que pueda comunicar con mayor claridad su voluntad a nuestra mente, si esta permanece saludable.

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