31 julio 2009

La crucifixion de Pedro

Michelangelo Caravaggio

La crucifixión de San Pedro fue obra de Miguel Angel Caravaggio y la terminó el año 1601.

La providencia de Dios permitió que Pedro acabase su ministerio en Roma, donde el emperador Nerón le mandó prender en los días en que fue preso Pablo. Así los dos veteranos apóstoles, durante tantos años separados, iban a dar su postrer testimonio por Cristo en la metrópoli del mundo, y derramar su sangre como semilla de una copiosa cosecha de santos y mártires.
Desde su arrepentimiento por haber negado a Cristo, Pedro arrostró inflexiblemente el peligro, demostrando noble valentía en predicar al Salvador crucificado, resucitado y ascendido. Mientras yacía en el calabozo, recordaba lo que Cristo le dijo: "De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, e ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras." (Juan 21: 18.)
De este modo dio a entender Jesús a Pedro de qué género de muerte había de morir, y profetizó la extensión de sus manos sobre la cruz.
A Pedro, por ser judío y extranjero, le condenaron a recibir azotes y a ser crucificado después. En perspectivas de esa espantosa muerte, el apóstol recordó su gravísimo pecado de negar a Jesús en la hora de su prueba. Aunque una vez se había mostrado tan poco dispuesto a reconocer la cruz, tenía ahora por gozo dar su vida por el Evangelio, sintiendo tan sólo que fuese demasiada honra para él morir como había muerto el Señor a quien había negado. Pedro se había arrepentido sinceramente de su pecado, y Cristo le había perdonado, según lo comprueba el altísimo encargo de apacentar a las ovejas y corderos del rebaño. Pero Pedro no podía perdonarse a sí mismo. Ni aun el pensamiento de las agonías de la muerte que le aguardaba era capaz de mitigar la amargura de su aflicción y arrepentimiento. Como último favor, suplicó a sus verdugos que lo crucificaran cabeza abajo. La súplica fue otorgada, y de esa manera murió el gran apóstol Pedro. (Elena G. de White, Hechos de los apóstoles, 428, 429).

1 comentario:

Anónimo dijo...

lA VerDaD sIeMpRe mE Ha gUsTaDo SaBeR MaS De La vIdA Y El MInIsTeRIO DE PeDrO.... SiEnTo UnA GrAn eMoCioN aL SaBeR Q, DesPuEs d tOdO, tErMiNO MUrIeNdO POr aMOr a JeSús ... PeRo yA no eRa eL pEdRo aUtOSuFiCiEnT... SiNO UN PeDrO q aPreNdIÓ A DEpEnDeR DE DioS Y StAr DEsPiErTo PaRa oRaR CuAnTaS VeCeS fUeRa nEcEsArIo.
MaNeTtA