17 febrero 2009

UN ÚLTIMO LLAMADO DE MISERICORDIA

Génesis 14:18 “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino”.
“Melquisedec, al bendecir a Abrahán, había reconocido a Jehová como la fuente de todo su poder y como autor de la victoria: "Bendito sea Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano." (Gén. 14:19, 20.) Dios estaba hablando a aquel pueblo por su providencia, pero el último rayo de luz fue rechazado, como todos los anteriores.” (Patriarcas y profetas, 154, 155).
La providencia no es otra cosa que la obra de Dios a favor de los hombres en la propia esfera humana, en nuestro tiempo y espacio. Dios interviniendo a favor de los hijos de los hombres. Tal fue la obra de Dios al liberar al pueblo de Sodoma. Era uno de los últimos llamados de su amor a este pueblo disoluto.
Junto con el rey de Sodoma, salió Melquisedec, “a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.” (Hebreos 7:2-4) Melquisedec es un símbolo de Cristo, y su sacerdocio es símbolo del sacerdocio de Cristo, sacerdocio superior al Aarónico salido de Abraham. Cristo y su ministerio a favor de los pecadores es infinitamente superior al ministerio de los sacerdotes humanos del antiguo Israel.
Dios, a través de sus siervos, liberó a los sodomitas, los llamó al arrepentimiento, envió no solo a Abraham como su adalid, sino que envió también a su sacerdote, Melquisedec, para que sirvieran de prueba concreta de su amor para con ellos. Pero los habitantes de Sodoma no quisieron escuchar la voz misericordiosa de su Libertador.
No se puede creer que no haya consecuencias cuando se rechaza a los mensajeros de Dios, cuando se rechaza sus llamados de misericordia. Dios llama para evitar que las consecuencias nos pulvericen, pero cuando el ser humano insiste en hacer su voluntad, entonces cosechará las tempestades de la retribución.
Hoy decido escuchar a Abraham y al Verdadero Melquisedec, Cristo Jesús, suplicando a mi corazón y al tuyo que seamos enteramente de Él.

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