10 febrero 2009

LA GUERRA ESTÁ GANADA


Génesis 3:15 “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

“Adán y Eva estuvieron como criminales delante de su Dios, esperando la sentencia que les había acarreado la transgresión. Pero antes de que oyeran de los espinos y los cardos, el dolor y la angustia que sufrirían y el polvo al cual debían volver, escucharon palabras que debían inspirarlos con esperanza. Aunque debían sufrir por el poder de su adversario, podían mirar hacia adelante a la victoria final.
Dios declara, "pondré enemistad". Esa enemistad es puesta sobrenaturalmente y no se mantiene naturalmente. Cuando pecó el hombre, su naturaleza se convirtió en mal, y estaba en armonía... con Satanás... Pero cuando Satanás oyó que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente, supo que aunque había tenido éxito en depravar la naturaleza humana y asimilarla a su propia naturaleza, sin embargo, por algún proceso misterioso, Dios restauraría al hombre a su poder perdido y lo capacitaría para resistir y vencer a su vencedor.” (A fin de conocerle, 19).

Este es el proto evangelio. Dios no abandonó a Adán y a Eva a su suerte, sino que les prometió a su hijo. Al Deseado de todas las gentes. El único capaz de pulverizar, aniquilar, aplastar y destruir al diablo de un golpe certero. Dios nos proveyó la solución de los siglos, su propio Hijo, Enmanuel, Dios con nosotros.

La enemistad no solo era no mirarse, sino que de allí en adelante los hijos de Dios tenemos relaciones hostiles con el diablo y sus secuaces. Estamos en una guerra sin cuartel, en medio de un conflicto entre el bien y el mal y cada centímetro del terreno del corazón debe ser defendido hasta la muerte.

Pero no temas amigo, amiga, en esta lucha, nuestro supremo general ya estropeó, ya rompió la cabeza del general enemigo, el cachorro de león de la tribu de Judá ya venció al león rugiente que anda buscando a quien devorar. Luego de soportar los indecibles dolores y sufrimientos de la vía dolorosa, el Señor Jesús, con la mansedumbre de un cordero, expresó, “Consumado es”. En ese preciso instante selló nuestra salvación.

Hoy nos salvamos por la fe en aquel que vino para darnos vida y tender un puente a través del abismo del pecado. Hoy quiere reinar en tu corazón, hoy quiere ser el dueño de tus pensamientos, y como resultado, tendrás vida, y vida en abundancia.

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