20 febrero 2009

DAME A TU HIJO

Génesis 22:2 “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”
“Cuando Abrahán recibió esta orden, había llegado a los ciento veinte años. Se le consideraba ya un anciano, aun en aquella generación. Antes había sido fuerte para arrostrar penurias y peligros, pero ya se había desvanecido el ardor de su juventud. En el vigor de la virilidad, uno puede enfrentar con valor dificultades y aflicciones capaces de hacerle desmayar en la senectud, cuando sus pies se acercan vacilantes hacia la tumba. Pero Dios había reservado a Abrahán su última y más aflictiva prueba para el tiempo cuando la carga de los años pesaba sobre él y anhelaba descansar de la ansiedad y el trabajo.” (Patriarcas y profetas, 145).
Cuantas veces el Señor nos permite ser probados, aunque no más de lo que podemos soportar. Cuantas veces un ser querido a caído enfermo, generando la más profunda impotencia. Cuantas veces nuestro carácter ha sido probado frente a la tentación. Cuantas veces nuestras más firmes convicciones han temblado frente a las más fieras tentaciones.
Solo aquellos que han experimentado la pérdida de un hijo podrán comprender a Abraham. Una cosa es que un hijo muera accidentalmente, lo cual llena de impotencia a los padres, sin poder hacer ya nada, solo reclamar justicia. Y otra muy distinta es ver como la vida de un hijo se va por causa de la enfermedad, justo delante de uno, como la arena entre los dedos. Pero peor aun, es que uno de los padres sea el causante accidental de la muerte de un hijo.
Esto último es totalmente devastador. Esto se le pidió a Abraham. Que sea el causante no accidental de la muerte de su hijo. Abraham pensaría que: “si mi hijo es la señal del pacto, y yo tantas veces fallé al pacto con mi falta de fe, ahora Dios ha roto su pacto conmigo y quiere su parte del acuerdo de regreso”, “Pero es mi hijo”, “Pero obedeceré”. El viejo patriarca solo obedeció. Pero cuando todo iba a ser consumado, Dios proveyó otro sacrificio. Aun en medio del dolor de la obediencia, Dios apareció con un mensaje de esperanza y un regalo de redención.
Dios proveyó la aprobación para Abraham, deteniendo el sacrificio y la sustitución para Isaac: un carnero atorado en una zarza.
Seamos obedientes… aun hasta la muerte. Dios sabe lo que hace.

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